Mientras el hombre dormía, el rabino Abba vio una serpiente que se acercaba al desconocido. Entonces un reptil emergió y mató a la serpiente. Cuando el hombre despertó, vio a la serpiente muerta, se levantó y la cornisa, que se estaba separando de la montaña, cayó al valle. Así se salvó, porque si se hubiera levantado un momento antes, se habría caído junto con la cornisa al valle y habría muerto. El rabino Abba vino a él y le dijo: “¿Qué has hecho que el Sagrado, bendito sea, realizó dos milagros para ti?”
Y el hombre respondió: “En todos mis días, perdoné e hice las paces con quien me lastimara. Así, no acumulé odio todo ese día por el daño que causara. Además, de ahí en más traté de causarles beneficio”.









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