lunes, 7 de diciembre de 2009

Rompe mi armonía...

En sus miradas e visto la respuesta, saber algo con solo una mirada, su efecto párese ser mas poderoso que las mismas palabras, ya me da miedo mirar sus rostros inevitablemente llegare a sus ojos y veré allí la terrible verdad, esa verdad que los ojos dejan escapar del alma, por que ahí esta todo lo que se puede saber de alguien, nada se puede hacer conmigo un caso perdido una perdida de tiempo, mi hermano del otro lado de la pared que no deja de reír hace que este dolor de cabeza aumente mas, ahora incluso me molesta su felicidad…
Esto es lo peor de conocer a las personas…¿Dónde estas? Ho perdón, olvidaba que yo soy la única que responde a esa pregunta. “deducible” ese es el nombre que le e puesto a este momento, tanto que me tarde en pensar un nombre adecuado y al fin lo e encontrado, con esto doy a entender claramente que no e dejado de pensar un solo momento en lo ocurrido, hay una cosa que me extraña y me párese un poco patético, por que es que se ha ido, si anda tras mi rastro no para enfrentarme si no para ver como es que me tomo todo esto, si digo lo que tanto quiere escuchar ¿ que ara? Se pondrá feliz? O si ago lo contrario y desprecio esta burla? Se dará cuenta acaso de que una vez mas hizo lo único que sabe hacer? No, no lo creo, solo aumentara su cólera. Al comentarlo con otras personas, me daba cuenta que lo que salía por sus bocas no era exactamente lo que sus ojos me decían, esa mirada de “te lo dije” o “no me extraña”, estaba segura de que la persona que yo conocía no era esa de la que todos hablaban, pero no quiero lamentarlo.



Caen mis cabellos, y las primeras tristezas de
ocaso ensombrecen mis ojeras-
Las desdichas de la vida han puesto sobre mi
frente su sello fatal.
No es ya mi boca, la que alegre reía; hoy
finge reír y su mueca miserable parece presagio
de horror.

Nada tengo; ¡ nada . . . !

Pobre resto náufrago, pobre harapo de seda
que fue brillante; pobre luz que parpadea como el
agonizante.

Como las bailarinas viejas arrastran en sus casas los restos de sus esplendorosos vestidos de escena, así arrastro yo mi vida, insolente en su ridículo fastuo de irónicas risas, de afiebradas
alegrías, de envenenados triunfos,

Y vivo, porque es cobardía morir ; y oculto mis
llantos porque el siglo no comprende esos sentimentalismos histéricos.


(T.W No dejare de recitar tus palabras, expresas estos momentos mejor de lo que yo podré hacerlo, lastima que solo me das el efecto y no la solución.)

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